lunes, 25 de julio de 2011

En primera persona....

Hoy, con 23 años, los recuerdos de mi niñez me sacuden cada dos por tres. Me asaltan de repente y me encuentro con recuerdos que no sabía que existían.
Cosas lindas, y cosas no tan lindas, se han convertido en un caudal de recuerdos que florecen a raíz de situaciones vividas cuando era una nena.
Pienso que es a esta edad que una parte de nuestro inconsciente se destapa, y salen de él, como si habláramos de una caja de pandora o de una olla, todo lo que hemos vivido cuando fuimos criaturas.
Todo lo que recuerdo hoy, seguramente, me ha moldeado hasta aquí. Pero ¿quién soy hoy? Ya una mujer, eso seguro. Qué complejo resulta definirse. Sé de mi existencia, sé de mi espacio, sé de mi día a día... todo eso está clarísimo pero, si cambiara el interrogante y me preguntara: ¿quién quiero ser?, ¿hacia dónde voy?, ¿por qué? Muy intricado resulta encontrar respuestas a estos interrogantes que se escabullen en las líneas cuando uno quiere transcribir pensamientos...
Lo único que tengo en claro es que mi pasado, a diario, se está proyectando en mis pensamientos y no puedo frenarlo. Ojalá pudiera dejar de recordar... Racionalizar cosas después de veinte o quince años no tiene mucho sentido.
Le pido a Buda y a Sai Baba que se apiaden de mí, que me muestren el mejor camino, que me den fuerzas y perseverancia para ser cada día una mejor persona y convertirme en una mujer segura y con un camino delineado... aprendiendo a dejar atrás y perdonar.
Las cosas que se nos vienen a la memoria de cuando éramos niños tal vez sean para que no cometamos los mismos errores que nuestros mayores y podamos ser mejores personas cuando nos toque ser padres y dejar, entonces, de ser hijos. Creo que los sucesores buscan superar a sus progenitores así como ellos buscaron hacerlo con los suyos, y así sucesivamente...
Quién sabe...


Mis abuelos y mis papás, a quienes les debo la vida misma....

lunes, 20 de junio de 2011

Mensaje en una carilina...

Llegará la mañana en que tus pero y tus por qué se eyecten en la sociedad que pensaste tuya, la que poco o nada tiene que ver con vos. En esas horas, por fin, estarás limpio de dudas.
Llegará mañana, por fin, la tarde en que mis pero y los por qué se deslicen por mis piernas desapareciendo entre mis pasos por esta ciudad que nos liberará.
Y así, finalmente desnudos de todo prejuicio y duda podremos rescatar la historia, ésta, la nuestra, a la que nunca renunciamos. Ella es ahora la que nos espera. Justo del otro lado de los pero y los por qué que mañana superaremos para quedar solos. Para ser ahora sí, y para siempre, -le dijo- vos y yo, yo y vos.


jueves, 19 de mayo de 2011

Reflexión

Ronronea Casandra mientras el sol comienza a aparecer por encima de los edificios que pueblan Buenos Aires. Bocinas y ruidos de caños de escape. La gente comienza a salir corriendo hacia sus trabajos. Hacen lo de siempre.
Pobrecitos todos aquellos que se persiguen a si mismos para seguir una rutina por un salario a fin de mes. Pobrecitos aquellos que se ven motivados solo por el tamaño de su billeteras. Todos ellos salen a las calles ahora, corren hacia sus miserables destinos.
También están los otros, los que menos se ven. Corren, también corren, pero llenos de armonía. También tienen un trabajo pero lo disfrutan y así la recompensa es mayor. Quizá no monetariamente pero sí a nivel espiritual. La armonía con uno mismo forma parte de las sensaciones más lindas. Seguridad en uno mismo, convicción con el trabajo, deseos de progreso.
¡Qué lindo es en este momento no ser Casandra! La dejo ronronear y descansar encima de mi cama mientras me voy despacio a encontrar con mi día.
Dios mío, no permitas que me convierta en uno de esos pobrecitos que ahondan en lo que hacen de acuerdo a lo que les pide el bolsillo. Dios mío, permitime ser siempre yo misma y dejá que Casandra siga ronroneando todos los días.

sábado, 14 de mayo de 2011

Margaritas

Cuando era una niña me encantaba robarle margaritas del jardín a uno de mis vecinos. A veces las deshojaba, otras armaba ramitos y se las regalaba a mi mamá o me ponía una sola en la oreja para que adorne mi peinado.
Siempre me gustaron las margaritas. Hoy todavía me gustan pero por la simple razón de que me recuerdan a esa infancia, mi infancia. A veces, no siempre, me dan ganas de volverme pequeñita como lo era en esos momentos en que me robaba las margaritas de mi vecino… la credulidad, la inocencia, la bondad, los sueños, eran cualidades que uno creía inherentes a todas las personas.
A veces no quiero volverme pequeñita pero en el mundo de los adultos, muchas, otras no tanto, me siento diminuta y me dan ganas de esconderme a deshojar margaritas para preguntarle a Dios o a la Diosa de las flores si les devolverá algún día a los grandes esas cualidades que poseemos de niños y que yo pensaba inmutables.

domingo, 10 de abril de 2011

Habla Amaranta II

Caminar la vida implica dejar o renunciar cosas para poder, justamente, seguir viviendo. Viviendo nuevas cosas/experiencias. Pero qué difícil es cuando uno no quiere renunciar a nada y lleva consigo, sobre la espalda, un bolsón de historias. Que por esta razón son inconclusas o al menos recurrentes en la mente.

Me cuesta tanto aceptar que la gente tiende a ser efímera en la vida de uno y que uno, claramente, suele serlo en la vida de los otros. Sé que a veces solo somos actores de reparto en una etapa o experiencia. Sí, todo eso lo tengo clarísimo pero así y todo me cuesta hacerme cargo. Me encantaría que no exista la gente dañina o que ciertas personas no fueran rencorosas y supieran perdonar y quedar al lado de uno como un par mas, o simplemente que la gente no nos pase de largo como si fueran transeúntes por una calle cualquiera.

Es en noches como las de hoy que miro para atrás y no puedo contabilizar la gente que ha sido significativa aunque sea en un fragmento de mi vida. De muchos de ellos no sé nada hoy. Por ejemplo, mi primer gran amor fue "Facha", hoy lo busqué en varias redes sociales y no hallé rastros de él. Todavía recuerdo su número de teléfono: 426103. Claro que pensé en llamar... pero, ¿qué diría después de nueve años? Lo vería como una locura... Lógicamente me gustaría que me cuente qué fue y qué es de su vida. Lo mismo me pasa con otras personas... es decir, esta secuencia que acabo de contar me pasa con frecuencia. Si uno se pone a pensar en la cantidad de gente que conoce por año, y en la cantidad de gente que deja de ver... entenderá o al menos se preguntará cosas como estas que hoy me estoy preguntando.

Ojalá la vida entre sus tantos pasajes me de el gusto de poder volver a reencontrarme con personas que fueron importantes en mi vida y de las que hoy no sé nada como en el caso de "Facha". Él era un muchachito bien lindo. Un poco tartamudo. Skater y con quien escuchaba Fun People hasta entrado el amanecer. Y sin lugar a dudas "Facha" fue lo más importante: por quien sentí la inmensidad del amor por primera vez.

Espero que los caminos de mi vida en algún momento junten a todas las personas que conozco y que he conocido (sí, también a las que conoceré), para poder agradecerles porque sin lugar a dudas soy quien soy (y seré) gracias a ellos y las circunstancias.

miércoles, 30 de marzo de 2011

Rememorándote

Estoy recostada sobre un sillón que sabe de historias, no de cronopios y de famas sino de personas mundanas.
Casandra se encuentra dormida sobre mi panza. Ronronea. Siempre sospecho que es su forma de decirme que me quiere. Se da cuenta que la necesito conmigo.
Necesito de su compañía hoy cuando tu ausencia te clama. No voy a mentir, voy a ser descarnada. Te extraño de una forma inconmensurable. Te extraño como te extrañé aquella vez que te dejé por primera o tercera vez. Pensé que había paliado con esto. Intuía que te había sepultado. Me equivoqué.
Hoy te plantaste en mis pensamientos, entre actividad y actividad no hice más que recordarte. Siempre aparece en mi mente la misma imagen. Me mirás de costado, estás de perfil. Veo tu nariz larga y tus pestañas repingadas. Me mirás de golpe. Yo te observo anonadada. Tu mirada; ¿cómo describir cómo me miras? Me mirás con tus ojos brillantes, parecés triste o enamorado. Ya sé, ya sé que hay un abismo, pero nunca pude diferenciar tus miradas. Quizás un amor entristecido. Quién sabe. Lo cierto es que me mirás con esos ojos, en los que yo sabía reflejarme.
De golpe la mirada se transforma en beso; ¡qué beso! Siento que nos comemos, como si quisiéramos aspirarnos, mutilarnos o consumirnos. No importa si nos falta el aire. Es en la inspiración del beso donde respiramos.
De tanto en tanto nos espiamos. Mis ojos se encuentran casi pegados a los tuyos que me miran tristes o enamorados. Tu mano en mi nuca, las mías sostienen tu cuello.. Y en un ademán arriesgado nos fundimos en un suspiro que no cesa pero que tampoco deja que tus labios cesen (ni los míos). Tu sabor es dulce, siento que renazco. Las manos no encuentran consuelo y de la nuca pasan a mi cintura; y del cuello, las mías se apropian de tu espalda. Te siento.
Después el ritual, nunca demasiado diferente pero siempre deseado. Mi piel se pega a tu piel. Seguimos babeando. Los cuerpos cada vez más juntos. De repente somos uno. Y es en ese acontecer que llego al cielo. Ahí donde le imploramos a un Dios que nos deje seguir siendo. Así un buen rato hasta que por fin bajamos.
Vos encima mío. Siento el acelere de tu corazón que inevitablemente se compagina con el mío.
Así es cuando te recuerdo... Y es así también cuando te extraño. Extraño esos momentos en los que nos creíamos indestructibles y jurábamos, y re contra jurábamos, que en esta vida nos habíamos encontrado para recorrerla hasta el final juntos.
Casandra me mira. Las lágrimas me visitan. No es que me entristezca es que todavía no te olvido, ni entiendo por que no funcionamos.

sábado, 19 de marzo de 2011

Síntesis

Dimes y diretes que se entrelazan, hechos y suposiciones que se trazan, encantos y desencantos que tararean: suicidios y sincericidios... espasmos y hartazgos... hexagramas y anagramas... borras de cafés y gomas de borrar... onomatopeyas y peroyativos... técnicas y estrategias... humos y humoradas...
Claramente es acá donde entra en escena el punto final que desplaza a los tres suspensivos, asumiendo que amar es caída libre hasta que uno se desploma sobre el suelo y las lágrimas colman el vaso.


domingo, 5 de diciembre de 2010

God only knows

Otra vez llega el final de un año, este ha sido un año sensacional pero en el trayecto nos perdimos. Me soltaste la mano y te dejé ir, todavía te extraño. De tanto en tanto me sueño con vos acurrucada en mi cama de dos plazas, en la que hace más de seis meses duermo sola y atravesada, para que tu ausencia no se note tanto, para que mi presencia la llene.

Termina un año que soñamos juntos...

La mayoría de los sueños que soñé a tu lado se han concretado, menos uno, el más importante, vivenciar cada uno de ellos junto a vos. No voy a aferrarme al vaso medio vacío, prefiero respirar profundo, levantar el vaso en tu nombre, en tu ausencia, en tu presencia que es un recuerdo constante... y brindar, brindar por lo que fuimos, por lo que fantaseamos ser y porque este fin de año que me sorprende sin vos ha sido para no olvidar. Hemos crecido, juntos y separados... quizás el año que vendrá nos dé un changüi y volvamos a volar de la mano y dejemos atrás todo el mal.

Otra vez llega el final de un año, y sin decir adiós, sin aceptar rehusar mi amor por vos, quiero brindar por lo que vendrá...

Te amo Chancho.

martes, 23 de noviembre de 2010

espasmos

Espasmos esporádicos que se suceden cada vez que escribo tu nombre,
lo escribo y transcribo en cada hoja de papel que encuentro
para perpetuarte.

El amor se ha esfumado por entre las grietas que las calamidades de nuestra historia
causaron.

Te perpetúo
para recordarte etéreo como supiste serlo.

Espasmos esporádicos que se suceden cada vez nombro tu nombre,
lo grito y lo repito en cada ocasión para
claro, perpetuarte.

Admito esta noche:
guardo conmigo la parte de los vestigios lindos que quedan de
lo que quisimos y no pudimos ser

los guardo para perpetuarte
let motiv obvio por el que escribo
y pronuncio
y recuerdo
tu nombre

¡Ah!, y por si acaso, otra vez, en otro tiempo,
volvemos a amarnos.

sábado, 13 de noviembre de 2010

Ya no...

Ver la realidad, enfrentarse a ella, que se te estampe contra la frente, sentirla y no poder cambiarla. No tener otra opción que vivenciarla y empezar a afrontarla… es doloroso. Es doloroso cuando la verdadera realidad no es la que especulaste, cuando la verdadera realidad no es la que fantaseaste que sería. La realidad es real. La realidad es que él ayer cuando te miró fijo a tus ojos te superó. Ayer se dio cuenta finalmente que la historia era un capítulo cerrado. Una hora antes te dijo que si te pasaba algo se moría porque te ama, una hora después frente a vos luego de una ausencia física de cinco meses, mientras intentaba un abrazo que omitiste, se daba cuenta que ya no. Ya no te ama su amor, ¡ya no te ama Amaranta! Ya no. Deberás aceptar y poder cerrar el capítulo también. En su vida no hay lugar para vos, en su vida… sos un capítulo cerrado. Dejate de joder, no seas pelotuda, aceptalo… Ya no te ama, ya no te extraña… ya no se retuerce pensando en vos. Volvió a vivir su vida, ahora te toca a vos. Dejalo atrás, Amaranta! En su realidad vos ya no estás. Afrontala, es doloroso pero es real. Vivenciala, es la única forma de superar… Él ya no te ama, ¡cerrá la puerta y seguí!… cruzá de vereda, olvidate… ¡Chau Amaranta! ¡Ya no te ama! Debes escucharlo hasta convencerte.



miércoles, 28 de julio de 2010

miércoles, 21 de julio de 2010

Pensamientos viajeros


Hay tanta gloria allí, que al final nadie
tiene un sueño sin laureles
que tu cuerpo al menos esté limpio
para ir.
Correte hasta el espacio
quiero que sepan hoy qué color es
el que robé cuando dormías...
Contemplación de un todo
-que surge y resurge-.
Paz compartida
estandarte que ya es un emblema,
nuestro
tuyo
mío,
da igual.

Te miro dormir
mientras el micro nos lleva al caos
de la Capital
en el que todos
corren
-corremos-
hacia un mismo lugar:
la rutina, esa infame que
nos acecha y cosecha
día tras día.

Por suerte,
amanecer junto a vos
es contemplar el todo
pero siempre diferente.
Verte dormir profundamente
es poder reafirmar en silencio
que te amo
Es sentir que estas pequeñas cosas
junto a vos me llenan de Paz.
Y es el deseo de que
todo siga surgiendo y resurgiendo...
...............................................................................una
.............y otra
....................................y otra
.............................................................vez más.

lunes, 12 de julio de 2010

Te evoco con letras...

Justamente esa noche, después de unas cuantas horas juntos, donde las risas, los besos, las caricias y el sexo se fundían en una unánime melodía, me aplacaste la ilusión cuando decidías una vez más irte. Siempre te vas, siempre me dejas. Sé que volves, sé que tu partida siempre es transitoria, momentánea pero después de un año no puedo acostumbrarme a que no me duela, a que no me asuste, a que no me me deje el sabor amargo de las despedidas esas de "para siempre" o de "hasta nunca."
Vivo nuestro amor con miedo, me sofoca la inseguridad cuando te vas. Es como si el lugar que deja tu partida fuera llenado por la astuta inseguridad. Y lloro, siempre que te vas lloro. Aunque me beses, aunque me digas que me amás, aunque mañana ya nos veamos de nuevo.
Me acostumbro rápido a estar con vos, me acostumbro rápido a naturalizarte, a verte en mi cama, a dormirme en tus brazos, a molestarte mientras miras fútbol. Me acostumbro rápido a tu olor, a tu temperatura, a tu voz que me llama cuando desaparezco unos segundos y me muevo de aquí para allá como volando. Me acostumbro rápido a la convivencia nuestra, y la vivo con intensidad, y en esos momentos soy tan feliz, si pudieras entenderlo... si pudieras sentirme como te siento.
Te amo, es la única frase, que aunque trillada, me sale balbucearte siempre, cuando te recibo, cuando me despierto, cuando nos hacemos uno...
Te cansás de mí, te cansás de mis miedos... te alejan, y ellos me sofocan y me dejan angustiada y sola. Apuesto todo a un azar para que te quedes, para que lo nuestro funcione, para que se perpetue. Lucho a diario con todos los miedos, lucho cada día contra mi inseguridad. Vos no te das cuenta pero no me ayudas con ella.
Te rompe las pelotas, te sofoca, te agota mi inseguridad. Tengo miedo de destruirnos. A diario tengo miedos...
Mi ego no puede con eso, mi ego no puede contra el miedo ni la inseguridad, y ellos lo destruyen y me dejan la autoestima al borde del suelo. A veces no sé cómo levantarme pero "cada mañana mi motor vos encendés."
Tengo sueños puestos en vos, miedos puestos en vos y a estos últimos necesito dejarlos a un lado.
No voy a ser la culpable de perderte, sí en cambio quiero ser quien te haga feliz.
Cuando estamos juntos el tiempo se suspende, tu risa me obnuvila, el brillo que esgrimen tus dos grandes ojos me enamoran y desarmarme en vos siempre es un deseo.
Mi amor se nutre del tuyo,
quiero que los miedos también se nutran de tu amor y desaparezcan, o transmuten y se conviertan en una realidad más dulce, más clara.
Hago letra mis pensamientos,
hoy te evoco con letras
hace tiempo ya que te convertiste en el hombre que quiero para siempre...
suena estúpido, meloso y cursi, pero es así Maximiliano, te quiero para siempre.

viernes, 18 de junio de 2010

A diario...

Para matar al hombre de la paz
para golpear su frente limpia de pesadillas
tuvieron que convertirse en pesadilla (...)
para matar al hombre que era un pueblo
tuvieron que quedarse sin el pueblo.
Mario Benedetti

A diario los noticieros proclaman a viva voz las desdichas que nuestro pueblo afronta. Crónicas sobre muertes, asaltos, secuestros, escándolos políticos, mediáticos. Se habla sobre índices de pobreza, sobre la baja de la bolsa de Wall Street, los casos fortuitos, la agonía y tristezas. A diario los noticieros proclaman las desdichas que nuestro pueblo sangra pero se olvidan que también en el pueblo acontecen hermosas historias como el amor de dos personas que se concieron en un colectivo de la línea D número 152, el nacimiento de León en Juan Nepomuceno Fernández, la entrevista gloriosa de trabajo de Fiorella, el nuevo puesto de Federico, la nueva casa del hijo de Mónica, el nuevo sueño de Agustín.
A diario los noticieros proclaman a viva voz las angustias que afronta nuestro pueblo. No escucharon nunca el llanto de emoción de Eva al conocer su hijo pero sí reprodujeron a los pibes de un colegio golpeando salvajemente a un padre que intentaba llevar a horario a su hijo a clases, no nos contaron nunca que en esa Asociación la mañana fue de risas, no conocen que hay cientos y miles de personas que trabajan día a día para que todo sea un poco menos violento y se logre la paz, que es la tranquilidad en el orden público.
A diario los noticieros proclaman a viva voz lo gris que nos aqueja, está bien, quizás sea correcto pero a su vez es necesaria la reproducción de pacíficos buenos momentos, esos que cada día tienen lugar en nuestro territorio y quienes los encarnan y protagonizan también son pueblo.

miércoles, 9 de junio de 2010

Un año después...

Un año después de encontrarte alego
que nunca tomé una decisión más acertada que aceptar conocerte.
Un año después confieso
que nunca sentí así.
Un año después sigo guardando
los miedos a perderte que me corren.
Un año después deseo
que se convierta este amor en uno memorable
e irrevocable
(por sobre todas las cosas).

Confesión

Siempre que vuelvo a mirarte siento como si fuera la primera vez
el interior se revoluciona
del cielo llueven fresias
y las ganas de poseerte se tornan universales.

lunes, 1 de febrero de 2010

Casi con valentía...

Un nuevo sol fue la cofradía de los sueños que te despabilaron esta tarde de oficina en la que la realidad se embistió contra tus labios y tu corazón hecho pedazos vociferó casi con valentía: te devuelvo tu tiempo, quedate con mis sueños,"ya no te amo mi amor."

Insistencia

La insistencia insistiendo a lo inexistente
"La insistencia insiste
lo inexistente no existe",
repasaba el muchachito.

Perseveraba la insistencia insistiendo un cambio al instinto
El instinto, que sí existía, no inmutaba.

La insistencia con las pupilas dilatadas insistía al corazón un vuelco
Volcó.
En el vuelco, el corazón insistido, vomitó arañas castañas
El muchachito ante tamaña escena,
parafraseaba a un poeta de noches tibias

domingo, 1 de noviembre de 2009

Como Penélope y Ulises...

A Maxi..

Ojalá existiera alguna medicina para curar el alma cuando sangra. Ojalá existiera algún reloj que sirviera para detener el tiempo justo antes de que vos estalles y digas que no podes más, y así no escucharte... poder así inmortalizarte para verte etéreo como supiste serlo. Ojalá las cosas no fueran como acontecen y pudiera armarlas y desarmas a mi antojo. Ojalá los kilómetros no fueran como mochilas que aplacan el afecto hasta el piso, justo antes de que nosotros lo pisoteemos. Ojalá pudiera mirarte ahora, justamente ahora, ahora que llega la noche y el calor no se apaga. Ojalá pudiera mirarte ahora, justamente ahora que bajamos las persianas para adentrarnos en el abismo que nos abruma, que nos está matando y busca dejarnos desolados. Ojalá pudiera dejar de callar ahora y romper el silencio para decirte que todo estará bien y que va a pasar tan pronto como vuelva el sol a brillar sobre los techos. Ojalá amor pudiera alterar el modo pero una vez más la situación me excede, el dolor me oprime el pecho y no puedo pensar. Caigo, caigo al lado tuyo, siento que no puedo sostenernos. Lloro, últimamente eso es lo que mejor me sale.
No te puedo ver, la ruta, las luces y los carteles nos distancian cada vez más... Siempre esperando, como Penélope y Ulises pero no nos sentimos tan fuertes como ellos. Igual tiramos, estamos tirando de la soga, de un momento a otro sentimos que ya no podemos soportarlo pero tampoco podemos dejarnos, y ¿qué hacemos?, "¿qué carajo hacemos?", insiste en preguntar la unísona voz que nos desata. Ojalá el tiempo nos haga un guiño y esto quede reportado en el pasado como parte de un aprendizaje que nos ayudó a fortalecernos... Ojalá el tiempo pacte con la distancia y nos aflore una fuerza magnánima para poder seguir amándonos aunque estemos destinados, como ellos, a 20 años de espera, y a los apasionados reencuentros y no deseadas despedidas en las terminales después de que pasaron muchas lunas.



sábado, 24 de octubre de 2009

La vuelta del MAS grande

Anoche pude formar parte de los que atestiguamos la vuelta de Charly García. Festejó sus 58 años y su evidente trans-formación en Velez. Las palabras sobran. Mágico, impermeable, perpetuo... Siempre que lo he visto me ha cautivado, siempre hay un antes y un después de sus shows. Me conmoví hasta los huesos... y no hay nada que desee más que verlo absolutamente recuperado, porque es un grande, porque está consagrado y la música tiene que seguir sonando!! Y tiene que seguir sonando porque Charly tiene aguante y porque los aliados también tenemos aguante, y estamos dispuestos a seguirlo!
Ojalá que sean muchas más noches como las de anoche, aún si la lluvia se cuela (la próxima me llevo piloto).
Say No More es parte de la religión...

viernes, 18 de septiembre de 2009

Habla Amaranta...

A Piru (mi par)...

Cuando tenés 21 años la vida te abre un abanico de posibilidades, vos sólo tenés que elegir... pero elegir bien (eso repite la voz unísona de los mayores. Sí, vos sos mayor, tenés 21 pero no te sentís adulta). Elegir bien se torna complicado, más que nada cuando la presión/opresión del sistema te exige que hagas las cosas BIEN. A quién carajo se le ocurrió poner esas limitaciones, esos fines...
Yo hoy tengo 21 años, me queda poco para cumplir 22... Un par de años atrás tener 22 era ser grande, adulto... En cambio yo hoy con 21 me siento pequeña, frágil, ingenua y un tanto ignorante. Juego un juego donde los adultos reinan. Soy una infiltrada en el mundo de los grandes, y eso que hace no mucho tiempo atrás juré en "il mundi de los grandes" que no me iban a atrapar... Pequé, por enésima o vigésima vez he pecado. Yo dejé que me atrapen. Yo rogué que me atrapen. Ahora me paseo como una adulta, converso sobre proyectos y política con gente que olvidó el placer de soñar, que olvidó en un cajón a las mariposas que cuando sos pibe y te enamorás... repiquetean en tu estómago... Yo sigo siendo piba y si bien las mariposas no repiquetean tengo una que encontré en el verano, en el patio de casa, dentro de un libro, es hermosa y un recuerdo preciado.

Cuando tenés 21 años el miedo a veces te acorrala ¿sabés? Es un tanto estresante ser joven, por más que los ancianos que te miran en la plaza envidien tu jovialidad... A veces pienso que los grandes, todos los grandes, olvidaron lo dificil que se torna crecer. Ojo, no quiero sonar melodramática ni histérica... pero a ver, a quién fue que se le ocurrió que al destino hay que ir forjándolo con decisiones??? No, eso no me jode, me jode que te remarquen como loros que hay que elegir, pero elegir bien.

Sé que no debo quejarme de mi vida, sé que en muchos aspectos ella es hermosa, ruidosa, pintoresca, celestial y hasta dramática... pero siento que comienzo a resignarme en ciertos aspectos y eso me apena. Me apena que todo se esté tornando tan turbio, que la distorsión esté aniquilando las comunicaciones.Me apena un poco mi resignación, mi esfuerzo por elegir como esperan que lo haga. Me jode, me molesta, me hiere que el hoy, que el día a día esté contaminado por las elecciones que deben ser BIEN elegidas...

¡Qué se yo!, todo esto, al final me hace pensar que una vez en la vida, uno debería desprenderse de todo lo aprehendido... y animarse a EQUIVOCARSE sin importar la edad o el momento por el que estás transitando.

¡Dejen que saltemos!

lunes, 31 de agosto de 2009

LVI

"Antes de ser nosotros dos
no había ninguno de los dos."
Jorge Drexler.-
"A Agustín..."
Hablábamos de una secuencia irreal donde los maniquíes posaban de manera burda para nosotros que éramos en ese aquí y ahora, espectros anacrónicos involuntarios que se sumían en un juego que era el de la involución. Ambos, desde hacía tiempo, nos sentíamos atrapados en la red de un juego que nos arrastraba hacia atrás... Un espiral onírico nos tenía apresados, y nos consumía las entrañas, masticándonos la carne para después roer nuestros huesos y mutilarnos el corazón. Salir de todo eso es difícil, más que nada cuando los dos creen que ese es el destino que los desatina pero que inmóvilmente merecen, por ser... claro, su destino.
Había pasado mucho tiempo desde la última vez que nos reímos juntos, los días se seguían sucediendo uno a uno y nada cambiaba... sólo se acrecentaba la expresión mundana en nuestros rostros cansados y ofuscados por desmerecer lo que creíamos merecer. A veces, o casi siempre, me encontraba mirando fijo sus dos ojos grandes y remarcados por esas ojeras que el tiempo le había marcado en la cara como para que recuerde cada vez que se miraba al espejo que la vida lo había cagado a palos de nene. Eran huellas del llanto, eran huellas de sufrimiento. En cambio yo, en mi cara llevo una cicatriz, una puta cicatriz que me dejó un gato que despreció mi aprecio una vez que quise abrazarlo. Nos sentíamos solos, estábamos solos en la vida y no teníamos otra cosa para compartir que la soledad que conjugamos por primera vez allá por el 2006. Ahora, hablábamos de una secuencia irreal en la que había maniquíes posando, hablábamos de nosotros hechos espectros, de nosotros en la involución... En el timbre de mi voz se notaba la nostalgia y en su timbre, el descontento. No recordamos cuándo fue la última vez que nos besamos hasta dejar nuestros labios lastimados, ni tampoco por qué siempre regresamos. El espiral nos consume, la red nos tiene atrapados... Yo lo miro por un momento y me hallo en el fondo de sus ojos (enmarcados por las ojeras). Es un amor desgraciado el que nos une, pero es un amor.

El pasaje del Sur.

En el sur, el frío quemaba dejándote grietas en la piel, ardía. Había gente que debajo de los pantalones llevaba diario para hacerle frente al clima enfurecido. El viento silbaba fuerte, la lluvia era violenta.
A lo lejos, bien a lo lejos se veía tu casa y la única luz que tenías reflejaba la nada. Arboles, en ese pasaje del sur no había árboles, solo algunos matorrales secos, sin verde. Flores no había. Grises, diversos grises, pintaban ese pasaje sucedáneo del sur.
En mis manos tenía una paleta de colores, y también a las ganas, para colorear el pasaje.
Traía en los bolsillos de mi gamulán, luz. Luz para esparcir en tu espacio. También en mis bolsillos tenía música y unos ladrillos de plástico para crear una muralla en la que el viento se divirtiera golpeando. Te traía un paraguas a lunares y dentro de una caja, un corderito patagónico para que juntos domestiquemos.
En el centro de mi interior traía un corazón armado de amor para enseñarte a crear la palabra que se forma con las cuatro primeras letras de mi nombre. En el centro de mi alma tenía también sensibilidad, algo que le mezquinaron a tu pasaje del sur.
Entre mis piernas aguardaba calor para que te cobijes y puedas sanar las grietas que, con furia, el frío te creaba.
Traía de todo la noche que llegué a este lugar pero, minutos después de haberme adentrado a tu espacio, un lago me absorvió, saqueándome todo aquello con lo que había llegado... Ahora te veo reflejarte en este lago, en el agua de la que ya formo parte... Veo cómo te reflejas en mí y me disperso en el agua mojándote los piés para que no te sientas nunca más solo y emerja de vos, la fuerza y la imaginación necesaria para poner armonioso, pintoresco y único, este pasaje del sur que llamas tú lugar.

LVII

En el tendal de tu vecina inmunda
colgaban los trapos y se movían
con el soplo del viento.
Seis o siete repasadores viejos
que repasan y traspasan.

En el tendal de tu vecina inmunda
apresados por unos broches de madera mala
cuelgan los repasadores desgastados
que a pesar del paso del tiempo
aún repasan.

Aquél tendal de tu vecina inmunda
parece mi tendal
del que cuelgan mis órganos
que descansan
que traspasan
que repasan,
lamiendo y absorviendo
el desgaste inevitable
físico y psíquico.

En el tendal de tu vecina inmunda
apresados por unos broches de madera mala
colgaban esos trapos viejos
con los que ayer limpió mi sangre
-después de tu derrocamiento-
mientras tarareaba una que sabían todos
y festejaba nuestra desdicha.

viernes, 10 de julio de 2009

En 2 cuotas

"Es que, ¿cómo te explico? Fue de a poco todo.","...Sí, paulatinamente se dió. Primero todo era hermoso, transgresor y gracioso. Por momentos rosa...""...¿Por qué ponés esa cara? Sí, era rosa, o para mí era rosa. Punto.
Después la cosa se puso densa, acromática y sin humor. Yo luché te juro que luché para que todo esto no suceda. Pero, ¿qué querés? Pasó. Sí, a mí me pasó.
A mí, la que nunca pensó que iba a enamorarse,
a mí, la que siempre pensó que el amor era cosa de absurdos,
a mí que me jacté de autosuficiente,
a mí, la que nunca puso a otro en el lugar del YO. Yo primero, yo segundo, yo, yo, yo.
La estoy pagando. Todas las maldades que les hice a unos cuantos buenos tipos las estoy pagando. Pero decime, ¿a vos te parece justo que sea de un tirón y en tan solo dos cuotas?", "...Sí, eso lo sé... Las dos por el mismo o con el mismo..quién carajo sabe como es! Da igual...", "...NO, no, no... no te confundas, no estoy enojada. Estoy devastada, desolada. Sí, así estoy, sin sol. Me siento en la penumbra y no tengo nada que me alumbre","...No estoy en poeta, date cuenta que así soy yo. Soy yo real, natural. Soy yo, ¿me ves?, ¿me reconocés? Soy yooo, la que amó hasta no poder respirar, la misma que en una noche de frenesí adolescente se envició con esa boca por la que otras copas ya habían brindado", ..."Me apena que no me reconozcas, me apena también que tampoco puedas aprender a usar el regulador de tu estufa. Tu consultorio apesta, de todas maneras necesito seguir hablando..."
"...Te pago para que me escuches, ¿no? Eso también me apena. Me apena tener que pagarle a alguien para que me escuche y teja hipótesis o me tire sogas para poder seguir con mi vida...","...Me acuerdo la primer noche que sentí que lo amaba. Me acuerdo como si hubiese ocurrido anoche. La sensación es compleja definir, ¿sabés?"
"No me digas que sabés como se siente. Vos no podes haber sentido igual que yo, no te olvides nunca que somos seres únicos. Apuesto todo lo que tengo a que mi amor, mi sensación de amor, es bien diferente a lo que podés describir vos."
"Bueno, la primera vez que sentí que lo amaba, todos los músculos se me contrajeron y una sensación que me gritaba 'cuidaloooooo' me pobló las venas.
Cuando me besó, el pecho se llenó de sensaciones distintas que se chocaban entre ellas y se estampaban en mi. Supongo que él lo notó y por eso me besó. Para taparme la boca, para evitar escuchar eso que nunca pude decirle.
Ahí la primer cuota. Claro que los intereses fueron un montón de efectos colaterales que se repitieron durante unos dos o tres años...","...La segunda cuota fue cuando todo ese amor que sentía por él empezaba a perderse, a desarmarse, como si habláramos de un amor hecho de crealina. Me odié en el momento que sentí que se avecinaba el principio del fin de mi amor por él (o por su desamor)...","...Me desperté de repente, sacudida por un espasmo. Abrí los ojos y lo ví a él dormido a mi lado... me acuerdo que su pierna izquierda estaba enredada a mi cadera... sentí que no quería que esté ahí conmigo. Sentí que quería que se fuera de mi cama, de mi casa... llevándose su ropa, su olor y el amor que me quedaba.
Como pude volví a dormirme, y él me despertó porque también lo sacudió un espasmo dormido.. y nos miramos un segundo o dos, y le pregunté si tenía frío, dijo que no y se hizo un bollito acurrucándose contra mi. No me conmocioné. Ahí pensé, '¿qué me está pasando?'
Nos dormimos hasta bien entrada la tarde... cuando amanecimos repetimos 'formalidades'. Se fue. Siempre que se iba me entristecía, por tener que tomar el nesquik sola, por verme cambiando sábanas, como si limpiara pecados... A mí no me importan los pecados capitales. A mí no me importó un carajo pecar durante casi cuatro años..."
"Disculpame, me estoy yendo por las ramas, retomo. Bueno, como te decía... siempre que se iba me quedaba con un sabor como amargo... una sensación rara, de soledad, pero esta vez no. No me importó, esperaba que se fuera desde las doce del mediodía."
"No encuentro palabras para explicarte el vacío que me deja que este amor se desarmara como una de esas estatuas de crealina que hacía en primaria.
Trato de imaginarme sin él en mi cama, sin él en mi celular, sin él...
"...No, no no... no cambié mi 'yo' por el 'él'. No me estás prestando atención. Sinceramente me siento vacía... extraño estremecerme por él. Extraño que me duela que no ame. Extraño extrañarlo.
No quiero mirarlo a los ojos y decirle eso que escribió Julio: 'ya no te amo, mi amor'. Quiero recuperar mi amor, exijo que me lo devuelvan."
"Quiero que no me moleste su forma burda de hablar, quiero besarlo con amor, ilusionarme de nuevo. Quiero volver a quererlo.
La primer cuota era entregarle todo mi amor... y en la segunda y última, me lo arrancaron."
"Me siento triste Luci, triste. En 21 años nunca me sentí tan apagada. En 21 años nunca desee cuidar tanto a alguien como lo quise con él. En 21 años nunca lamenté tanto dejar de querer."
"Gracias por la carilina, a mí me gusta decirle pañuelito descartable pero dicen que decir carilina es más femenino...", "...se me corre el rimel."
"Luci, si pudieras escuchar mis sentimientos, el pulso se me acelera y no quiero llorar. Nunca lloro, nunca. Pero mi amor, quiero a mi amor... Necesito recrearlo de nuevo aunque él una vez más me rechace. Quiero quererlo.... Estas lágrimas, todas estas las acepto pero no por no querer, sino por volver a amarlo...."
" Dame un café, ¿querés?", "...¿Cinco minutos?, ¿ya pasó la hora?.."
" Me parece que estoy hablando de mas Luci... es que... es que el amor, esa cosa...."

Borrones en un cuaderno de espirales...

El rejunte de ideas converge con mis dudas y miedos. El puto miedo a vos, a tu persona, a tu carne... como si estuviéramos hablando de la manzana de Eva.
"¡Por favor Amy!", pensarán.
Descreen. Yo a veces también descreo, y te mitifico de un segundo a otro e instantáneamente te tengo miedo. Me da pavor pensar en que podés tratarte de un ser extrasensorial que juega conmigo, burlándose de mi amor mientras me lamo sola las heridas. Sí, siempre sola.
Bendito aquél ser supremo que en la contienda aún me envía señales escabulliéndose en sueños ajenos, provocando una vigilia alucinante y avivando el miedo irrefutable frente a las cientas conjeturas razonables que nacen, y se eyectan, embistiéndose contra mi boca que te está clamando despacio en el espacio. Y contínuamente pienso que sos un desalmado pero siento que te amo con los huesos, con cada uno. Y a veces, o casi siempre, cuando me dejas con esta soledad que me pesa sobre la espalda quiero frenar y gritarte que ya no puedo más. Mágicamente una fuerza se apodera de mi y sigo...
mágicamente te sigo.
Mayo 2009

miércoles, 1 de julio de 2009

HOY

¡La (mi) vida finalmente se llena de colores!
Matices distintos -todos-
Proclaman a viva voz que las cosas amorfas
terminan logrando una transformación que
las convierte instántaneamente en
Hermosas
Tangibles
vidas
REALidades.
-justo a tiempo-

Suspira agotada (yo suspiro agotada)...
y se halla (yo me hallo)
frente a un espejo sonriendo
feliz
-mente.

¡Por fin el camino se despeja!
Y del cielo llueven fresias...

domingo, 21 de junio de 2009

Estrafalarios VIII

Una vez más te encontrás dormido a mi derecha con tu rostro hacia mí. Te miro tratando de entender algo. Busco significados. Me pierdo entre tus rasgos marcados, iguales a los de todos pero simultáneamente vociferan que sos distinto.
Podría comenzar a escribir sobre el caudal de sensaciones distintas que me surgieron al contemplarte dormido como un niño cobijado del frío, o podría también contarles a ellos el vacío que por momentos sentía mientras me preguntaba a mi misma cuestiones que ya nos son inherentes, pero no.
Dormís después de una noche en la que nuevamente sumidos por un arrebato espontáneo y casi verborrágico nos encubrimos unidos, sin limitaciones ni inhibiciones. Jugamos a ser partenaire uno del otro para comandar de igual a igual nuestros actos seguidos por suspiros y palpitaciones agitadas que se fusionaban unas con otras para demostrar que ambos habíamos gozado.
Fue anoche cuando me desnudaste de nuevo para una vez más llenarme de vos, sin escrúpulos, sin amores ni lamentos. Te miraba mientras comandábamos nuestro eterno ritual y en ese momento entendía que nunca voy a poder dejarte porque, mi piel curtida solo se eriza ante el roce piadoso y fortuito de la tuya, y mis labios no imploran a otros labios que no sean los tuyos y mi boca ya no pronuncia otro nombre que no sea el que te nombra.
Y todo termina, cíclicamente termina...
Hoy aunque quiero ya no logro conciliar el sueño, prefiero observarte dormir. Espiar cómo decapitás dragones en tus sueños, porque tus muecas y sobresaltos demuestran que estás luchando, vaya a saber uno por qué y para qué luchas. Desde afuera de tus sueños te observo dispuesta a cuidarte. Y las horas se suceden una a una y vos dormís acurrucado entre mis pechos mientras yo discuto conmigo misma y me ruego no perderme entre tus rasgos. Callada te acaricio el pelo, la cara. Haces una mueca entre dormido como respondiendo a mis mimos. Y me sonrojo porque mas allá del tiempo que llevamos compartido aun hoy conservás el don de hacerme sonrojar.
Fue anoche una de las centenas de veces en la que nos permitimos ser uno. Y la complicidad de nuestra relación se corrompe cuando pienso, puede que mañana cuando una vez más seamos uno y uno, se esfumen las ganas de volver a vernos. Y mientras sigo pensando vos hablás dormido. Mis ojos se humedecen y el llanto quiere entrar. No voy a caer, no quiero amarte. Solo llegué a tu vida con una misión y es, cuidarte del afuera mientras conciliás tus sueños luego de nuestros arrebatos espontáneos.

Pablo, una historia sin cicatrices...

"Bien mi pequeña Amélie, tus huesos no son de cristal.
Tú puedes con los golpes de la vida.
Si dejas que pase esta oportunidad,
entonces tu corazón se hará tan seco y fragil como mi esqueleto.
Así que ve por él; por Dios!"

A esta hora Pablo ( o Poli, como lo llamaban sus allegados) comúnmente volvía de jugar fútbol con sus amigos. Era el ritual de los sábados a la tarde. Generalmente llegaba con una sonrisa grande a pesar de encontrarse agotado y muchas veces dolorido por los golpes que se sacudían en la cancha. Jugaba bien, al menos eso decía sin importarle su falta de modestia. Recuerdo como me maravillaba verlo entrar los sábados después de terminar el partido. Lo esperaba como siempre, predispuesta a escuchar las maniobras que llevó a cabo en la cancha, los enojos con algún compañero y las anécdotas infaltables.Colgaba su campera de algodón color negra en el perchero de madera oscura que estaba del lado izquierdo de la puerta, se sacaba las zapatillas y mientras me daba un beso baboso y discurseaba el partido, nos dirigíamos al baño para comenzar a preparar su refrescamiento en la bañera blanca. Pasaba cerca de 40 minutos sumergido en ella. En tanto se relajaba, me encargaba de pasar por su blanca espalda una esponja vegetal enjabonada. Disfrutaba mientras lo hacía. Cuando terminaba su baño reparador marchábamos al cuarto donde la cama destendida nos hacía un guiño con el que nos invitaba a sacudirnos en ella, a veces la tentación nos ganaba de mano y en un abrir y cerrar de ojos estábamos al servicio de un placer efímero. Otras en cambio eran más tranquilas y el sexo se dejaba a un lado, pero el contacto físico siempre estaba a la orden del día. Pablo se ponía alguno de sus boxers con dibujos como los de corazones rojos y se tiraba sobre la cama boca abajo mientras seguía contando su tarde. Mientras escuchaba con atención su discurso, untaba mis manos con crema y en el papel de una masajista comenzaba a hacerle toda clase de mimos sobre su espalda. A veces en mitad de la sesión se dormía, otras interrumpía mis masajes para jugar a hacernos cosquillas o a la guerra de almohadas, todo dependía de que tan arduo haya sido el fútbol con los chicos.
Después de tamaño ritual se vestía e íbamos al comedor, donde seguíamos charlando mientras desde los parlantes del reproductor de audio, Beirut, Charlatans, Devendra Banhart, Arctic Monkeys, Kinks, o algún otro sonaba de fondo como pianistas en el lobby de algún hotel. Con Pablo dialogábamos largo y tendido sobre cualquier tema que en ese momento importe. Recuerdo ese fin de semana de Julio del año 2007 que nevó en Buenos Aires. A diferencia del común de los porteños que festejaban el acontecimiento estaba indignado.
- Todo esto de la nieve me molesta bastante, me dijo con seriedad
- “nieve”, nieve es la del sur-
le decía mientras me reía
- Me molesta que la gente salga a festejar nieve en vez de alarmarse- insistía
- Ahí tenes razón, no es normal el fenómeno
- Deberíamos empezar a concientizarnos y ponerlo como prioridad numero uno el cuidado de nuestro ambiente.
- Sí hay poco énfasis sobre eso a pesar de grandes organizaciones, somos demasiado desinteresados los argentinos con ese tipo de temas.
- Entiendo que tenemos miles de problemas como llegar a fin de mes, pero justamente si nos preocupásemos mas por el ambiente nos preocuparíamos menos por consumir estupideces, y llegaríamos a fin de mes.-
decía afianzando su posición con gestos.
- Está bien tu reflexión pero es un problema que debe ser tratado desde la punta.- le dije mientras tomaba un sorbo de té
- Sí, tenes razón. Yo pienso contribuir en eso, por esto me voy a poner en actividad y al menos voy a tratar de concientizar a amigos y compañeros.- dijo en voz alta mientras se alejaba rumbo a su cuarto
Continuamente teníamos charlas que se extendían horas y que daban comienzo a otras y así sucesivamente. Pero no siempre nuestras conversaciones abarcaban temas tan importantes como el deterioro del planeta, también había lugar para otro tipo de charlas menos interesantes. Como cuando hablamos de Iván Noble.
Sonaba un tema de Noble en el reproductor de música de la computadora, parafraseé uno de los versos de la canción en voz alta, entonces me miró y me dijo sin escrúpulos:
- Para mí Iván noble es un publicista careta que escribe, y siguió con: es un cachorrito de escritor, pescado sin vender
- Me gusta como escribe,
le dije con cierta apatía por su opinión
- Sí igual es simpaticón pero por momentos hace mucho eso de utilizar una palabra muy de lleca (calle) y otra poética. “tus labios me hacen un foul”, cosas así… terminó esto y comenzó a reírse
Otras veces estábamos callados y de repente lo interrumpíamos para comenzar a hablar sobre temas que no tenían mucha lógica o importancia y que desataban en conversaciones absurdas y a veces bizarras o pervertidas. Así sucedió una tarde de otoño en la que nos hallábamos sumidos en el silencio más oscuro y helado que jamás antes hubiéramos compartido, al que molí con una pregunta cotidiana pero que formulé porque el frío del silencio comenzaba a quemarme:
- ¿Qué hiciste ayer a la tarde? -Pregunté con intriga
- Fui a caminar y me senté en una plaza. -Me contestó con desgano
- Ah, ¿y que hiciste en la plaza, pensaste? -Insistí.
- No, me deje estar. -Dijo mientras seguía leyendo un correo electrónico en su PC.
- Bien, ¿Había palomas? Acá hay palomas en las plazas, ¿no? -Insistí con la conversación
- Sí había. También hay ratas voladoras en Buenos Aires. -Me dijo con una sonrisa
- Jajaja, no me las imagino. -Le dije tratando de dibujar una en mis pensamientos
- Vos tenes mucha imaginación, ¿Cómo puede ser que no te imagines una rata voladora? -Seguía mientras se reía.
- No me imagino una rata voladora, me imagino a una tortuga ninja volando. Tipo Rafaelo, así se llamaba uno de esos no?
- Las tortugas ninjas no vuelan. Son ninjas, y los ninjas pueden saltar alto nada más. Y es Rafael, no Rafaelo. Eran cuatro pintores renacentistas. Rafael, Donatello, Miguel Ángel y Leonardo. -Me respondió con un tono de voz raro como si estuviese retándome por desconocer el nombre de esos dibujos animados.
- ¿Y? Vos que sabes, capaz pueden saltar y volar a la vez. -Le contesté con desafío mientras él con total naturalidad y como si fuera cuerda nuestra conversación me respondió:
- Si, pude ser, seguro que cuando fumaban marihuana volaban y bajoneaban pizza.
- ¿Vos decís que le daba un ataque de gula cuando caían?- Pregunté riéndome. Hey Poli, cambiando de tema, ¿Que es exactamente un final? Yo creo que no creo en los finales, es decir, para mi que todo es una cadena infinita.
-Era una duda que me carcomía el interior. Él me contestó con seguridad:
- Nada es infinito.
- ¿Como que no? Si que lo es. -
Dije con perplejidad
- No. -Arremetió
- ¿Por qué estas tan seguro? -Pregunté indignada
- El infinito es una excusa para hablar de lo que no conocemos, simple. -Me respondió con entereza mientras yo lo miraba con odio por su respuesta tan franca y le exponía:
- ¿Y como podes dar la certeza de que no existe? Ah!, mirá que paradoja vos tampoco conoces lo que fuera lo contrario.
- Oh… ¿Estamos ante una discusión infinita? –
Me dijo con ironía
- Quizás tenga otro desencadenante…podemos seguir enredados en las sabanas de osos que me compre. – Dije con picardía
- Mirá que casualidad, sabanas de oso, yo también tengo unas sabanas, no precisamente de oso. Pero sabanas al fin.
- Quizás podamos enredarnos en ambas y hacer una sola..
-Proseguí mientras con mis manos lo tocaba.
- Sí, sí, es una buena idea, o sino podemos tirar las dos a la mierda, y enredarnos entre nosotros. -Me planteó mientras con sus brazos rodeaba mi cintura.
- Si… y hacernos una sola persona. -Dije mientras apretaba mi cuerpo contra el de él.
- Si, porque hacer una tercera, todavía no da.
- ¡No! mejor perpetuemos la de hacernos una sola persona cuantas veces quieras, eh?
- Dije entre risas
- No hay límites, es infinita la discusión… perpetuemos el encuentro entre y sin las sábanas, eh? Propuso.
- Es increíble como se degeneran nuestras conversaciones… ves, no tienen fin, desencadenan unas en otras… TENGO RAZONNN… no hay fin!- terminaba la charla mientras le sacaba su remera de los super sónicos y nos acomodábamos en la cama. Antes de que dejemos de hablar, convencido me dijo:
- Todas en sexo Zoks… Somos una dupla muy pervertida.
Como es de esperarse otros sábados las ganas de conversar estaban ausentes, y en momentos como esos si bien compartíamos el mismo ambiente, no nos hablábamos. A veces me ponía a dibujar en algún cuaderno con mis infaltables lápices de colores, a leer algún libro o a estudiar Derecho mientras él usaba su PC, leía algún libro de Kundera, trabajaba o miraba alguna de sus tantas películas.
Los silencios entre nosotros, a diferencia de lo que me ha sucedido con otras historias, no me molestaban porque eran cómodos y no ausentes… bastaba mirarlo de reojo o escucharlo bostezar para sentirme bien y seguir en lo mío.
Compartíamos muchas cosas en común menos el mate. Justamente recuerdo esto porque en este instante en que redacto mientras rememoro los recuerdos, estoy cebándome algunos. Es la hora del mate o de la merienda. Pablo no tomaba, yo creía que se debía a una costumbre porteña. Odiaba que lo prejuzgue así, cuando decía esto me retrucaba que el sufría de acidez y que por esto nunca consumía.
Apaleábamos en común el desaliento por las cosas dulces, no eran cosas que nos vuelen la cabeza o que se nos antojen, éramos más bien de las comidas saladas. De vez en cuando en nuestros encuentros, el caqueo era el anfitrión de las noches. Caqueo era un neologismo inventado por él al que le atribuía la definición de “comer porquerías, escuchar música, mirar películas, fumar cigarrillos y/o marihuana”, y no hacer mas que eso a lo largo de la vigilia.
Las veces que visitaba a Pablo siempre tenían ese “no sé que” que hacían de ese día, uno especial. Los sábados que optábamos por caquear comíamos hasta que nos duela la panza y de la misma forma nos reíamos. Si hay algo que lo hacía atractivo era su humor. Asimismo bebíamos alcohol de todo tipo, algunos de ellos jamás había probado en mi vida pero conocer era algo que Pablo siempre me proporcionaba. Seguidor del cine, casi adicto, una adicción un tanto contagiosa. Quizá sea porque cuando alguien nos habla de algo con tanta pasión o sabiduría o ambas cosas, lo hace más sabroso. Como narré más arriba, dentro de su definición de caquear, mirar películas era una de las características. Por él conocí Cinema Paradiso, Antes del amanecer, antes del atardecer, Gran pez, Laberinto y otras tantas que harían una lista sin fin si escribiera todos sus títulos.
También es cierto que algunos sábados fumábamos cannabis, y mientras andábamos por las nubes, encontrarnos ahí arriba llevaba a grandes finales que muchas veces se conjugaban con el principio de un quiebre en el raciocinio.
Cuando caíamos vigorizados sobre su cama, la energía por seguir en contacto no descendía. Arrancábamos siempre con caricias lentas. Reconocer con la yema de mis dedos su rostro en la oscuridad me obnubilaba. Emprendía por el contorno de su cara, rozaba sus lóbulos, seguía por la comisura de su boca y proseguía recorriéndola hasta terminar de dibujarla con la punta de mis dedos por encima de la suya. Era una boca grande como la de Steven Tyler, con unos labios carnosos como los del líder de los Stones. Seguía por su nariz. ¡Qué perfección la de su nariz! Fina, pequeña y con dos grandes orificios que le permitían respirar todo el aire. Después continuaba por sus ojos. Marrones como todos los ojos, pero en mí los de él eran distintos, de los mas lindos. Una vez que terminaba de dibujar su rostro con mis manos, con ellas comenzaba a rozar la entereza de su pecho hasta llegar a su sexo, mientras con mi boca buscaba la suya y ahí nacían los besos. Los besos eran tal lo escribió Cortázar en el capítulo 7 de Rayuela. “las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes (…) Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella.” Y en el renacer los besos se convertían en besos más bruscos, y nuestras manos se nos salían de nosotros, y las ropas se nos salían solas. Ansiosos nos besábamos la piel. Conocí con mi boca y lengua la completitud de su cuerpo. Podría contar sobre sus hombros y su clavícula marcada, sobre sus piernas flacas y huesudas, sobre su panza plana y el lunar en su cuello, así también sobre mis debilidades, el hueco de su ombligo y su sexo.
Cada vez que teníamos relaciones sexuales era como si en ellas nos encubriéramos y redescubriéramos simultáneamente. Iniciábamos la hazaña reconociéndonos, hasta conocernos, después era abordada por él, y ahí ya no éramos uno y uno sino solo uno. Unificados comandábamos las noches donde dar y recibir placer era un hecho. Por momentos al sonido del ir y venir de nuestros cuerpos fusionados se le anexaban frases sueltas de nuestras bocas sedientas, ¿Qué decíamos? Quien sabe. Me complacía ser partenaire de Pablo. Llegar al orgasmo era como el último grito de Alcorta. En esos segundos que dura el éxtasis que conlleva al final, permanecíamos rígidos y agazapados, respirándonos y sudando un sudor que era el mismo, y nos mordíamos la carne mientras hundía mis manos entre su pelo y lo apretaba contra mí con las piernas enredadas sobre su cadera. En tanto, nos besábamos entrelazando nuestras lenguas que jugaban embebidas. Y después, así quedábamos, una vez más hechos uno y uno, separados, recostados sobre la cama y sin tocarnos. Volvíamos a respirar corrientemente mientras de a poco el pulso se normalizaba. Eran esos minutos donde no queríamos que nos roce nada para poder retrotraernos a nosotros. Luego sí, volvía el tacto y terminábamos en brazos de Morfeo, exhaustos y satisfechos hasta la próxima ronda que a veces no tardaba en llegar.
Cuando concluía mi visita, a esta misma hora en la que estoy consumando mis líneas, él se recostaba con Ortega y Gasset, sus dos gatas, en un sillón desde donde una vez me dijo con astucia: “voy a enseñarte mi sillón y su resistencia”. Se tiraba ahí a esperar que el tiempo transcurriera y llegara al momento en que yo dejaba su espacio para volver al mío. La hora que marca el reloj en este punto, es el mismo tiempo que en mí antes significaba el intervalo de la despedida, del vacío. Hoy ya no hay vacíos sino recordaciones. Pablo significó un periodo corto en el tiempo de interrupción de mi soledad, que solo causó un amor mas profundo que estar sola y la conjetura razonable de un montón de textos amontonados en los que se proyectan como en un film con voz de tinta los recuerdos.

Estrafalarios XI

Ya lo sabes pero lo reiteraré.
Soy el todo que ayer para vos fue por momentos: nada.
Quien te cautivó en un fresco día de invierno,
un alma deseosa de aventuras,
la soñadora nata, la infantil mujercita,
quien pensabas no encontrar.

Yo soy la dama que te confundió en las noches
logrando el milagro desnaturalizado de tu derroche de sexo,
el que regalabas con perfecta y rutinaria constancia
durante los meses de unos años que se ahogan en el recuerdo.

También soy el recuerdo que se acomoda en tu mente,
y que de a ratos irrumpe y se lanza contra tu pecho
produciéndote esas ganas absurdas por volver a intentarlo.

Soy,
sólo soy una mujer que se aferra con resistencia
al dolor de la última vez y te deja flotando en el aire
la respuesta silenciosa de mi inamovible decisión de
aislamiento sin presagio ni retorno.

Estrafalarios III

¡Abstenete! me gritó mi alma
cuando te ví pasar por mi ventana.
¡Abstenete mujer!,
me gritaba cuando ya entrabas
a mi vida
-no oía-.

¡Abstenete mujer,
Abstenete!,
insistía.
¡Abstenete Amaranta,
Abstenete!

Mi alma comenzó a desistir
al intento de convencerme
cuando se conmovió al oír
cómo nosotros
nos masacrábamos
en esa cama.

¿Cómo hacer para no sumar al ring
de nuestra pelea carnal a
mis sentimientos?,
sollozaba meses después.

¡Ya comienzan a
gobernarme alma!
¡Me están devorando!,
gritaba.
¿Cómo dejarlos
debajo de la cama?
Perdón por no oírte
alma, perdón.

El silencio era quien
reinaba en esos momentos
de preguntas
dentro de las cuatro paredes
de tu habitación...

Fue tu voz la que quebró al silencio
contestándole a mis cuestiones:
"Absteniéndote, absteniéndote",
susurrabas mientras jadeabas.

lunes, 6 de abril de 2009

Polopiestos Defrecuenciados. (09-11-08)

A Sacro...
“Las comunicaciones a través de un medio tan escueto me exasperan, me disgustan, lo sabés.” Decía con la voz firme en tanto yo me mordía las uñas como excusa para poder mantener mi silencio. Taparme la boca con los dedos era la única forma con la que podía callar las ganas de contestarle. Contestarle con un discurso que hablara de la unilateralidad, pero le iba a parecer berreta, mundano, poco original, y seguramente no me dejaría terminar de hablar; se iría antes dejándome un: “Boina Noite”.
La posmodernidad de la comunicación virtual fue la protagonista de nuestro lazo efímero pero lazo al fin. Esto último lo ponía nervioso, al menos eso decía cada vez que me “tiraba” unas líneas por correo electrónico. A decir verdad no sé si era cierto o era una excusa para escaparle a los pensamientos escritos. A mí por el contrario, me deslumbraba verme envuelta por la inspiración que me incitaba a escribir líneas que solo tenían un interlocutor al que querían llegar y ese era él, claro que no siempre era así pero las veces que mis líneas querían cobijarse en su buzón lo clamaban y no podía hacerles oído sordo a su súplica, y cual fiel le obedece a su amo yo le escribía, cumpliéndome mi deseo, mi propio deseo. Pienso que nunca podríamos llegar a estar en el mismo nivel de comunicación, somos diferentes, terriblemente distintos. Pero asumo que ese andén que nos separa mil pasos, es el que me atrae. Jugar a ser el yin y el yan, blanco y negro, zurdo y diestro, agua y aceite, eso me excita más que todo. Aparte, la realidad es que a mí sí me gusta la comunicación que tenemos, me gusta verme envuelta entre sus letras, danzar una y otra vez por las comas y los puntos, imaginar qué hacía mientras escribía, en qué pensaba cuando se topó con mis letras o si pudo reconocerse en los relatos que lo tomaron como protagonista. Es probable, casi seguro, que en un momento cualquiera se zambulla a la nada, a la mismísima nada y nunca más responda una carta, y ya nunca más diga algo. Porque eso es lo que dice cuando nos comunicamos, simplemente algo, y es ese algo el que de a ratos anhelo y necesito. Esa conjunción de palabras que forman una oración o dos o tres y que a mí me sirven de limbo para saltar, así, a la fuente bendita en la que nado, en la inspiración, que es completamente distinta a la zambullida precipitada que mi premonición sobre él y la nada tejen.Y ahora acá estoy de nuevo, tapándome con los dedos la boca para no decir algo. Aguantando las ganas de hablar, llenándola de dedos para que no salga en forma de voz.... pero las ganas me están sacudiendo por dentro como un huracán que arrasa con la totalidad de un pueblo caribeño, y me destruye las tripas aniquilándome el alma y procede a mutilar mis dedos y finalmente irrumpe desde mi boca y prosigue trayendo en ese viento violento mi voz. Mi horrenda voz. Y la convierto en una voz palpable que se estrella contra una hoja, se viste de tinta, y danza con mi pulso inquieto, intermitente. “Sí que sé que te disgusta nuestro vínculo supraempírico también se que te aburre escribir. Que pensás que en la realidad se construyen los vínculos y no es que descrea de ello pero a mí no me sirve. Necesito abanderarme de la palabra escrita, es allí (y acá) donde puedo merodear con mis ideas, con mis ganas de alcanzarte. Y si no te busco en el empirismo es porque cuando ello suceda ya no nos quedará nada y la nada me aburre, la nada me espanta. No quiero que te conviertas en nada, quiero que sigas labrando mis letras, quiero inmortalizarte un día para siempre y después sí, después si te place podrás callarte y quedarte con tu comodidad lejos de esto, lejos de esto que a vos y a mí, los polopiestos, nos acerca y nos repele. Pero dejame un poco más, dejame nutrirme de vos aunque no sea nada, aunque siempre termines pensando que la incomunicación es nuestra comunicación. Somos como un loco y un cuerdo, un sordo y un ciego, un joven y un viejo, defrecuenciados y por ello, nunca podremos entendernos.” Termino con el pulso inquieto, incontrolable, pero mucho más liviana. Por fin me recuesto sobre la cama destendida... un rato después suena mi teléfono, entredormida lo tomo entre mis manos, lo miro y la pantalla me avisa que sos vos. Vos ahogándote en la nada, y diciendo tres únicas palabras: “Que rara sos.”

sábado, 28 de febrero de 2009

Sábado 28.

Cómo vas a creer en cuentos
si no podés imaginarme contando tus lunares aunque sean cientos.
¿Tampoco vas a encontrarte en estas líneas?
Hacé un esfuerzo.
Acá te ves: Te acunan mis comas, respirás en cada punto....
caminás firmemente sobre las oraciones
y te re-creo
en los caudales de soplos frondosos
que forjan este borrador
que busca escribirte exacto
aunque me niegues y
vayas directo a cobijarte en los brazos de ella.
¡Ella, ella, ella!
como un eco de
un mandato pecaminosamente masoquista:
¡vas a regresar con ella!
¿Y yo?
Escribiré tu historia sin lamentarme por nada
salvo por aquélla noche de amor
que nunca tuvimos.

viernes, 27 de febrero de 2009

Yo, te amé.

Te amé de una forma tan desmenuzada que llegué hasta incluso a perderme el respeto,
Mi dignidad y mi inocencia se estrellaron contra tu corazón helado y putrefacto.
Aún no comprendo como pude soportar tanto egoísmo tuyo por tanta cantidad de meses,
Aún no entiendo como mi amor pudo soportarlo.
Te amé con la intensidad que aman las personas que están más allá de todo
Con los huesos,
Con la carne y la piel,
Con los dientes.
Te amé con mis manos y mis ojos,
Con mi interior.
Te amé aunque nunca lo haya querido aceptar,
Aunque jamás me haya sincerado conmigo ni con vos.
Te amé sin aliento, y a pesar de eso, te seguí y caminé al lado tuyo aunque tu desolación no permitiera tener compañía.
Te amé como si fuera un mandato divino,
Como si yo fuera una enviada del más allá que se cruzaba en tu camino para profesarte que sí, que sí habías nacido para ser querido, que yo había llegado para amarte.
Te amé a pesar de que me dolieran los huesos y se me desangrara el cuerpo con tus artimañas para no enamorarte.
Te amé con el perdón que te concedí cada vez que intentaste irte y regresaste con el torso doblado, con el peso de la soledad sobre tus rodillas maltratadas.
Te amé diciéndotelo en silencio y sin saberlo, mientras jugábamos a imitar a los que se eligen para compartir una vida, aunque sea de a ratos.
Te amé aquella vez que nos tiramos en el piso y jugamos a hacernos cosquillas como dos criaturas, hasta gritar de impotencia, permitiéndonos conocer el hueco que teníamos en el alma,
También te amé por compartir tu soledad con la mía, conjugándolas para que se conviertan en una cosa que no nos enferme, que no nos mate.
Te amé el día que con nostalgia recordaste tu infancia y profesaste que te faltaban recuerdos tangibles como algunas fotos más de cuando eras un nene.
Te amé el día que interrumpimos un beso para mirarnos a los ojos y suspiramos mientras nos abrazamos.
Te amé la mañana que me desperté y te advertí acurrucado sobre mi vientre con tu cara reposando sobre mis huesos.
A pesar del dolor, te amé esa mismísima madrugada que nos maltratamos en la vereda de tu hogar maldiciendo habernos conocido.
En las lágrimas que como un torrente de agua expulsé unas cuantas veces, dejé salir a mi amor nutrido de tus excesivas inmodestias, y a cuestas de ello seguí amándote.
A pesar de todo,
Afrontando todo,
Aceptándolo,
hoy sé que te amé en mil formas de amores, y que lo dejo respirar en días como hoy cuando estoy sincerándome conmigo, para aceptar a la sensación insoportable que me causa la nostalgia de recordarte....
Ya entendí que la única forma de salvarme de mi muerte provocada por mi propio homicidio está en un grito fuerte donde debo confesarte todo para poder desembarcar en otras tierras, en otros cuerpos. Aunque jamás lo adviertas, aunque nunca lo oigas.... ahora debe transmutar mi amor para recrearse en uno nuevo, sano, único e irrevocable pero para ello es necesario expresarlo una última vez con voz de grito de descarga: ¡Te amé! Yo, Amaranta, ¡te amé!

sábado, 21 de febrero de 2009

Necesidades...

Necesito volver a verte para tomarle una fotografía imaginaria a tus ojos
en ellos se refugia parte del océano frente al que nos besamos y tocamos como dos adolescentes primerizos.
Extraño esos momentos (y otros también).

Te extraño como si de repente fueras una parte mía que me arrancaron
Ya lo sé, es extraño
pero no menos cierto.

Necesito volver a verte para tomarle una fotografía imaginaria a tus ojos.
En ellos se refugian parte de mis recuerdos
A veces preciso traerlos a mí día a día como me sucede con vos
que de a ratos te necesito acá.
Exijo volver a verte para tomarle una fotografía imaginaria a tus ojos
e inmediatamente prometo disleírme en ellos.
.
.

domingo, 4 de enero de 2009

V ó V

Con una valija y sin vacilar nos tomaremos vacaciones. Viajaré por primera vez en tren y a lo largo de este viaje andaremos por sus vagones comiendo vainillas hasta nuestra estación.
¡Vamos, volveremos!
Sin perturbar nuestra valentía crearemos versos voluminosos aplacando voces vulnerables.
Variables destinos conllevan este viaje.
Tu voz volátil vaticina algunas verdades. VOLAREMOS.
Vemos por la ventana y un vocinglero parafrasea vocablos escritos por Borges: “enamorarse es crear una religión cuyo dios es falible.” Seguidamente te encoges sobre mi vientre mientras el viento despeina tus rulos. Velo admirando tu vanguardismo. Volvería a ese momento.
Viéndonos de frente está tu amigo de frac, nos vigila con cariño posando sus enormes ojos verdes sobre nosotros.
La velocidad nos acelera la sustancia que vaga por nuestras venas.
“¡Verdosos paisajes cubren las ventanas de vuestros laterales!”, señala un señor. Vemos entonces y la ventura se me apodera. “Ya veo, vosotros sois versátiles”, nos saluda, “auténticos y valiosos”, agrega otro viajero. Sonreímos.
El camino es viable. Varios destinos posibles: Venecia, Verona, Vicenza, Viterbo.
Elección vívida.
Llegando al final de la vía la victoria vivaz nos saluda. Mientras alumbra con un velador violeta, la meta. De fondo, en esa parte del mundo, Caetano Veloso vocaliza "Você é linda".

En suma, en toda volición del viaje
(mano a mano con nuestra fantasía),
siempre variando, transfigurando,
iba avanzando nuestra Vida.

sábado, 27 de diciembre de 2008

Un tipo ultraterrenal

Finalmente había llegado el 24. La gente paseaba exaltada por todo tipo mercados. No paraban. Compraban compulsivamente cosas inútiles que al día siguiente guardarían en una cómoda durante un año entero. Había hombres disfrazados del gordo que nos vendieron cuando éramos nenes en casi todas las esquinas. A mí no me excitaba nada el festejo. De hecho lo único que anhelaba era que pase rápido. No entendía por qué la gente mundana se empecinaba tanto en rendir cultos y creer en un ser superior, sobrenatural, ultraterrenal. Por aquél entonces mi credulidad estaba estropeada.
En la tarde de este día para seguir la corriente de todos hábitos mundanos fui hasta una casa de lencería para comprarme un conjunto de ropa interior que me autoregalaría como obsequio navideño. En el local había dos señoras mayores atendiendo. Debo admitir que esta tarde me encontraba con un mal humor que hacía intolerable soportarme a mi misma. Sospecho que la señora que me atendió percibió mi estado, por eso debe ser que después de empaquetar mi conjunto Getien en un sobre anaranjado con un moño blanco, dijo: “Voy a hacerte un obsequio. Tomá esta bombachita rosa, te la regalo siguiendo tradiciones. Es para la suerte nena, ponétela esta noche antes de ir a la misa. Vas a ver que trae buenas vibraciones, y quién te dice que no te traiga el amor.” Actué una sonrisa. Actuar es una de las cosas que mejor me sale y de la que pocos advierten, por ello mismo sé que lo hago bien. “Gracias, gracias. Espero que así sea- dije simulando un agradecimiento sincero-”, y enseguida agarré mi paquete con ese conjunto de ropa interior precioso, que era lo que realmente me interesaba del local en el que atendía esa “mujer con exceso de confianza”. Así la llamé por unas horas. Cuando estoy de mal humor suelo tornarme insolente y un tanto agria.
Caminé con el paso álgido las cuadras que me separaban del hogar en el que me reuniría a pasar la noche buena y esperar la navidad. Allí estaban todos nerviosos. Se escuchaban muchos “traé”, muchos “vení” e insoportables “dale”. Claro que yo también me puse nerviosa y me sumé al charlaterío.
Las cosas comenzaron a suceder tal cual el año anterior y el anterior del anterior. De un momento a otro ya estábamos todos sentados cenando, hablábamos a los gritos y casi contentos. Claro que también es cierto que me puse la bombacha rosa que me obsequió esa tarde la señora que me vendió mi regalo de navidad. No combinaba con mi corpiño pero la superstición o el deseo lacónico, le habían ganado a mi desapego, y arrasado con mi mal humor.
La noche estaba hermosa. Hacía calor, casi treinta. Sí claro, él dirá después que no, que la noche estaba fresca y que había nieve. También dirá que no usé una bombacha rosa pero sí su bufanda de colores. A quien le importa esos detalles, lo cierto es que apareció. No era un amor pero lo producía. La vieja tenía razón -pensé para mis adentros en cuanto lo ví asomar-. Comenzaba a desvirtuarse la noche. Ya no era igual que la del año anterior ni tampoco a la anterior del anterior.
Era estéticamente ficticio, lo que no quiere decir que fuera superficial. Todo lo contrario. Traía unas orejeras que le aplastaban la prominente cabellera de rulos grandes que lo caracterizaba. Zapatillas tennis de color marrón, casi desacordonadas. Pantalón de jeans azul, por debajo de este, sobre su cintura, se asomaba su boxer (que no era rosa). Traía un pullover y encima de él un chaleco inflado, de esos que no permiten que pase el agua. Era casi bajo, cuando digo casi es porque nos separaban centímetros de estatura, lo que tenía su ventaja: Pude mirarlo a los ojos sin necesidad de levantar mucho el mentón. Los ojos eran raros. No, claro que eran como los que tienen todas las personas, pero me refiero a la forma o al color o no sé, a la mirada quizá. No puedo asegurar nada porque cuando nuestros ojos se encontraban yo bajaba la mirada o buscaba otro lugar donde posar mis ojos. Me inhibía, produciendome cosquillas en la panza. Usaba bigotes, lo que lo distinguía y convertía en alguien particular. Cejas absolutamente expresivas y las manos más creadoras que jamás antes haya rozado.
Tempranamente noté que éramos dos personas de vivencias distintas pero con algo que nos hacía similares. Después supe: las aspiraciones verosímiles, el habernos enviciado con una misma mezcla en un momento cualquiera, o el hecho de habernos dejado estremecer por un mismo trazo o una misma pieza de música. O la necesidad insaciable de seducir y ser seducidos.
Bastaron diez minutos de gloria y el entrelazo de nuestras manos para levantar la vigilia. La verborrea se vistió de fiesta y la seducción de nuestras bocas embriagadas y abultadas, mientras la navidad invitaba a brindar, escupieron a los gritos palabras que en un intento de aprehenderse nunca se rozaron pero quedaron deseosas por probar aquél elixir del que muchas bocas ya habían bebido y otras en cambio, esperan ansiosas. En ese lapso que duró el encantamiento pensé a quien se parecía, busqué compararlo con los personajes de los libros que leí. No se parecía a Fausto, tampoco a Zaratustra, menos a Pablo Astier, quizá un poco a Oliveira pero no, tampoco al Juan Carlos de Memé. Pensé, pensé mientras seguía una a una sus muecas, simultáneamente le tomé una fotografía imaginaria (para recordarlo tal cual). “Ya sé- dije en voz baja-, tiene un aire al Principito, aunque más bien parece un superhéroe, de esos tipos ultraterrenales.” El tiempo me daría la razón.
El tic tac de la catedral marcaba la hora. Era madrugada pero nosotros seguíamos aprehendidos. Las cosas pasan rápido, son breves; era obvio: se iría. De todas formas me quedé con ese cuadro, inmortalizando su imagen en el momento en que mi vientre me avisaba que era tal cual lo había caricaturalizado en mis pensamientos. Era real, todo era real. En medio de una noche de festejos arraigados a creencias de antaño estábamos nosotros. Yo, de corto, bronceada y con una bombacha rosa debajo del vestido (la de la suerte pensé tiempo después). Me sentí incapaz de actuar, de posar. No usé mi personaje, sólo fui yo: amigable, locuaz y casi poeta. Él abrigado, tranquilo, conversador y etéreo.
La gente alrededor brindaba, se besaba, se abrazaba. Gritaban dejando de lado el festejo real, el supuesto. No había nadie que nos viera, estábamos… no sé, ni acá, ni allá, sino más allá. “La vieja tenía razón”- pensé haciendo referencia a la señora mayor que me atendió en la casa de lencería.
Acercó su rostro al mío -casi pude respirarlo-, y me provocó un escalofrio que se mezcló con piel de gallina; y todo en cuestión de segundos, y todo porque alguien que no podía vernos, nos empujó provocando el casi roce de nuestros rostros.
Miró su muñeca, su muñeca desnuda. Giró hacia la esquina y ahí estaba su compañero, paradito en cuatro patas con los ojos brillándole y puestos en su partenaire al que observaba con atención. De repente cuando volví a mirarlo para encontrarme en sus ojos ya no estaba. No volví a verlo. No sé si vuelva a cruzarlo, pero espero ansiosa la misma noche del año que viene.
Desapareció junto al ser especial que lo acompañaba, y me dejó con la sobresaliente idea de que está hecho de la madera de los sueños o de preciosos y pequeños detalles que lo distinguen.
Dejó una estela de satisfacción y de esperanza, un innamovible antonjo por volver a verlo para consumar el roce, el beso. El único deseo que suspiré después de brindar por enésima vez esa noche luego de su desaparación, significaba "ojalá él me haya visto tan transparente como yo lo ví cuando se escurrió en la propia noche de ustedes, los mortales de la tierra... - y seguí- espero tener la buena suerte de volver a encontrarlo." Después me quedé en silencio remomerando el momento. Me dormí acurrucada en un sillón con miedo a despertar y ver que la vida solo me había jugado una broma macabra.
Fragmento.

domingo, 9 de noviembre de 2008

Polípices

Pablo estaba materializando sus ideas ayudado por algún programa de computación de esos que nunca pude entender. Mientras ideaba, hablábamos. Estaba sentado frente al monitor de su computadora, yo sentada en una silla detrás de él, sacándole punta a los lápices de colores que, en mi último viaje a Viedma mi mamá me regaló.
En tanto plasmaba ideas para futuros anuncios publicitarios, me preguntaba qué hacía yo.
- Nada, estoy sacándole punta a los lápices, respondí mientras, hacía girar el lápiz de color amarillo dentro del sacapuntas de metal.
- ¿Vas a hacer unos dibujos?, preguntó sin girar su torso hacia mí.
- Algo así, respondí y, apreté mis dientes para sujetar con más fuerza al sacapuntas.
- ¿Qué significa eso?, Siguió preguntando mientras se metía en la boca unos maníes salados.
- Enchastrar hojas, dije entre dientes, poniendo mi mirada sobre la cajita de madera roja que estaba en el piso. Una caja que, una vez pinté para convertirla en el hogar de los lápices.
- Si hacés mucho quilombo con los lápices, no sé si llegarás a hacer enchastres. Insistía con la conversación mientras, con una mano manejaba el mouse de la PC y con la otra se llevaba los maníes a la boca.
- Sí que puedo, haré algunos garabatos. Padezco de un ataque de infantilismo, le respondí sonriendo.
- La mirada más infantil es buena también, dijo con tono de Profesor de Letras
- ¿Vos crees? Le pregunté y, manotee de su bolsa de maníes un puñado.
- ¿Miró no decía que había que volver a eso? Me preguntó convencido.
- ¿Quién es Miró, Poli?- Dije con escepticismo. Pablo a veces me hacía sentir una ignorante frente a sus diversos conocimientos culturales, los que creía sabidos por todos.
- Miró, un pintor.- Me dijo como si fuera obvio.
[Tenía razón, tiempo después me informé y supe que, Miró había sido un pintor surrealista, quien pintó elementos de su subconsciente y facilitó los elementos "normales" de una pintura a una taquigrafía visual. Muchas veces, pintó objetos sin verlos. Buscaba pintar lo que estaba en su subconsciente.
Realmente cuando me hablaba de artistas como si fuera obvio que los conocía, me sentía inferior pero eso no me paralizaba, al contrario, lo aprendía y seguía.]
- No, no lo sé... pero es un buen chivo expiatorio jugar a enchastrar, le contesté con desinterés. Y vos, ¿Qué haces?
- Termino de arreglar unas cosas, dijo mientras se desesperezaba y dejaba escapar un bostezo. Añadió, ¿Escribís o pintás o, haces las dos cosas?
Un rato después de fumar cannabis y mucho antes de que él comience a trabajar con la computadora, ya me había preguntado qué iba a hacer y, yo le contesté que pensaba escribir sobre la nebulosa en la que estábamos. Por cierto, una nebulosa que nos invitó a pasear por increíbles sensaciones, levitando juntos hacia un mismo viaje que vacilaba entre, excesivas risas en conjunto y los ojos achinados.
- Sí, iba a escribir pero no se me cae una sola idea, me siento incapaz de escribir algo que amerite ser leído. Dije con voz de resignación. Por ello, ¡me puse a sacarle punta a los lápices!, exclamé.
Se volteó hacia mí y, con su mejor sonrisa dijo:
- ¡Escribí sobre los lápices, Zokers!
- ¿Poli, vos crees que sería interesante leer sobre los lápices?
- Claro que sí, de hecho son una herramienta fantástica y rendirle homenaje me parece justo. Me exclamó convencido ayudándose con un ademán.
- Mmm, podría escribir sobre la satisfacción que me produce el vaivén de los lápices sobre alguna superficie y de lo mucho que dicen los colores cuando se los combina para producir algo, discursié contenta. O de cómo los decapita el sacapuntas, seguí diciendo con voz de espanto.
- Sobre el uso que tienen, sobre lo lindo que son cuando ya están minis y saben que son sus últimas semanas de vida. Decía con voz enternecedora. Además, mientras menos duran, más funcionales son. Es como que viven en una paradoja… algo así
Concluyó justo cuando comenzaba a pitar un cigarrillo rubio.
- Eso es cierto, asentí. Mientras más rápido se gastan es porque más utilizados fueron y en esa utilización... la hoja blanca que era insulsa, ¡paso a tener vida! Y al final, no es que se terminaron sino que se fusionaron para crear algo. Como los osos esos que te conforman, se fusionaron
Cuando terminé de decir esto, estaba abrazando su torso desde atrás. Siempre le dije a Poli que él estaba conformado por cientos de osos, era una forma cariñosa de tratarlo. Esa alusión tenía su origen en una noche donde le leí que el significado de uno de sus nombres era: “audaz como un oso”. De ahí surgió que estaba conformado por cientos de ellos. Muchos, por el sobrenombre (Poli) y lo de osos, por el sentido de su segundo nombre.
Mientras acariciaba uno de mis brazos con su mano derecha, arremetió:
- ¡Claro, claro, como los irónicos “osos audaces” de los que estoy hecho! Yo soy como T1000, el malo de la película Terminator, el que está hecho de metal. Soy igual, un T1000 pero hecho de osos, ¿Qué tal?
- ¡Estás con todas las luces!, le dije haciendo referencia a que esa noche estaba muy idóneo
- Sí pero cuando no las uso, las apago, me dijo entre carcajadas.
Luego de un rato, mientras yo coloreaba una hoja blanca para que la cuelgue en la heladera apresada por un imán, Pablo terminó de trabajar. Ya había entrado la madrugada en escena.
- Zoca, me salió un afta en la boca, me dijo Poli con los ojos bien abiertos. Y, me duele.
- ¿Qué es eso?, le pregunté, e inmediatamente le dije, ¿no será una yaga?
- Se dice afta pero, ésta está al borde de ser nafta, dijo entrecortado, y riéndose, porque con el pulgar y el índice estaba sosteniéndose el labio inferior para mostrarme lo que tenía.
- ¡Uh!, debe ser por el alcohol.
- O por la comida chatarra que vengo comiendo. Dijo mientras se miraba su casi nafta en el espejo.
- Pero, ¿no era que estabas tomando mucha sopa instantánea, de las Quick?
- Dejé las sopas. Dijo cortante.
- ¿Te hartaron?, pregunté reacia.
- Entré a un centro de rehabilitación de sopas Quick, dijo con seriedad mientras se acercaba a mí. Inmediatamente nos reímos.
Cuando estaba apoyado sobre mis hombros, con aburrimiento y con los ojos cansados (ya sin rastros del efecto del porro que habíamos fumado unas horas antes), preguntó:
- Zokers, ¿Vamos a dormir?
- No Pablo, no tengo sueño, me voy a quedar un rato más y después voy, ¿Eh?, le dije con cara de “quiero comprensión”
- Bueno, está bien, si te arrepentís…- dijo mientras me lanzaba una mirada provocadora y daba un beso en la nariz.
Estaba cansado por lo que se dio un baño reparador y se metió en la cama a mirar TV mientras buscaba conciliar al sueño. Yo opté por quedarme en el comedor “enchastrando” las hojas.
Mientras Pablo dormía comencé mi cita con la vigilia y, me propuse escribirle unas líneas a esos colores a quienes les saqué punta infinitas veces en la noche y paulatinamente les gasté sus puntas tratando de evocar algún dibujo que decore la heladera del dueño de casa.
La hoja que elegí de mi cuaderno con espirales, estaba pálida y, yo dispuesta decorarla con algunas líneas. Hubiese sido más fácil escribirle a los lápices en la computadora pero no, prefería utilizar y tomar como protagonista universal a mi grafito negro.
Mientras bebía un sorbo de agua, empecé a escribir:
“Delgado cilindro de grafito o de arcilla coloreada, encerrado en una envoltura de madera, papel u otro material, que se utiliza para escribir y dibujar. Elemento diminuto que en el momento de su creación revolucionó al mundo de la escritura. Seguramente Teut, el Dios de la escritura a quien la mitología griega le asigna tal desempeño…”
Borré todo lo anterior dicho, parecía que estaba preparando una monografía para la facultad y eso no tenía nada que ver con lo que esperaba poder escribir desde mi adoración a los lápices.
Sin darme por aludida me decidí a tomar un respiro. Las letras forzadas nunca suenan bien. Bebía un café cuando divisé que el grafito me miraba desafiante desde la caja donde reposaba. Así fue que una vez más lo tomé entre mis dedos, con mi mano derecha y me dejé llevar sobre la hoja borroneada.
“Este delgado cilindro de grafito, encerrado en una envoltura de madera clara, me recuerda sutilmente el por qué de su espacio mientras danza apresado entre mis dedos. Siempre está al alcance de mis manos, desde donde esté reposando siempre me observa. Desafiándome. Insinuándome el baile que le sucede a su vaivén sobre las hojas pálidas o amarillentas que aguardan ser escritas, borroneadas.
Ahora, mientras la vigilia me sostiene en píe, yo lo sostengo delicadamente mientras le marco sus pasos sobre la hoja con mi puño, ayudándolo a danzar. Disfruto de ese baile que le enseño, y observo cómo creamos en equipo, una prosa. Danzamos con naturalidad sobre la hoja que hace rato dejó de ser pálida o amarillenta.
Escribo con él unas cuantas líneas, después me agoto pero, el lápiz no se rinde de inmediato. Vuelca una y otra vez, mientras danza intermitentemente, su esencia en una, dos o tres hojas y, seguido a la línea final, cae rendido sobre el cuaderno.”
No conforme con mis letras, y con mi grafito en la mano, fui a recostarme al lado de Poli, dejando cerca de mí, sobre la mesa de luz, el lápiz.
Ahora, cuando con Pablo nos reconocemos en la oscuridad cubiertos por una sábana clara, el lápiz nos observa con complicidad, seguro y orgulloso de que mañana, él será la herramienta que utilizaré para materializar con letras nuestro encuentro.

miércoles, 15 de octubre de 2008

Sacrocleaner

Repitiendo el libreto de memoria
te hice nacer y morir y renacer
en unas líneas aburridas y despintadas.
Repitiendo el libreto de memoria
Te evoco en los versos
Buscando uno que me descoloque y distinga
Que llame tu atención,
Que me corone idónea de suerte

Pero, ¿qué hacer cuando cíclicamente reitero el libreto?

El libreto de memoria,
La memoria se moría,
Me moría sin memoria mientras leía
tu suicidio en la historia que hice mía.
Aprendiéndome mi papel y el tuyo
Repitiendo los diálogos exactos,
Fantaseando el eclipsar de nuestros cuerpos
disgregados,
Percibidos desde un calidoscopio
Por tu horrenda vecina.

Y la noche busca regocijo en mis muslos,
Y el día se escapa por la cerradura de tu puerta,
Y extasiada insisto en balbucear el libreto de memoria
Con la cara en la nuca y los huesos embalsamados.
Mis poros segregan las ganas de escapar hacia vos
Y ahora que la lluvia apaga el día,
Ahora que la humedad puebla mi pasillo inmundo,
Te repito de memoria
Que me moría
Y agonizando decapito el miedo que tejió el alegato
De una mejor mujer
De senos grandes
(dos, tres, diez)
A saber, esos mismos que
de tanto en tanto
lamés.

Y yo acá,
como una esquizofrénica repito el libreto de memoria
mofando mi suerte,
rasgandome las vestiduras
Gritándote en medio del show:
“Atravesé a cada una de las horas de mis días
Ansiando descubrirte en la noche.”

Y tuve suerte,
Tuve suerte.